ABORTO (2)


Hola jf, si te das cuenta, intento
plantear el problema fundamentalmente desde la perspectiva de la duda, no de la
convicción, la creencia o la fe absoluta, aunque es inevitable que surjan
matices, se deslicen propuestas en base 
a mis  convicciones personales,
que en realidad, los es más  sobre la sensibilidad
al sufrimiento o a las consecuencias negativas de un  posible error, que en base a mi propio
conocimiento o convicción de las cosas. Lo digo, por que supongo que este
problema social se plantea desde las convicciones o creencias fuertemente
arraigadas. Por una parte quienes creen que detrás de  la vida, de la vida física, hay una
inteligencia que lo gobierna todo, y por tanto ir contra el curso natural, en
sus ciclos y proceso claramente inteligentes, 
es  ir contra esa Voluntad
inteligente. Y del otro lado, quienes 
creen que la vida es el resultado arbitrario, espontáneo y aleatorio  de la materia, aunque matemáticamente
estructurada  y equilibrada, pero que aquí
no hay mas inteligencia que la que arde, o sea la nuestra.

Según el sentido de nuestras más profundas convicciones, bien
se nos invita a  intervenir  en las cosas mas cruciales de la vida como únicos y  legítimos propietarios, o a  no hacerlo, como si no estuviese en nuestras
manos o responsabilidad, o de algo intocable se tratara.

La cuestión  no está tanto en buscar donde pueda estar la lógica
y la razón de las cosas hasta llegar a la conclusión de que la otra mitad, o
los demás son los que están equivocados, si no en la duda que  a mi me surge, de que a pesar  que los demás puedan estar  equivocados, puede no serlo en su totalidad. Ese
pequeño margen de duda es  mi punto de partida.
  Como
pienso que esa duda debería  de surgir también
en el otro lado, es donde  pueden haber  un importante vínculo de unión,  y donde se pueden aunar  esfuerzos para abordar el problema de otra
forma.

La duda, el riesgo  puede ser pequeño, pero el error en esta
materia, si se llega a dar,  puede ser notable,
pues estamos hablando de vida o expectativas de vida humana, y aun en esas  pequeña probabilidad deberíamos de eludir minimizar  ese
riesgo al máximo, tanto en reducir  las razones que puedan aconsejar la interrupción del proceso natural de al vida humana,  como en evitar en esa misma medida,   abandonar a sus suerte y con total indiferencia
a quien tiene que pasar por estas difíciles  vicisitudes, por respetar esta forma vida.

Se hace necesario afrontar los problemas que acompañan a la vida más que
tomar la vida como objeto de nuestro  problema, como única causa, y bajar ese listón
de riesgos e inconveniencias el  máximo
posible, y cuando se haya hecho todo lo que humanamente posible esté en
nuestras manos, con absoluto respeto a la dignidad de la persona y a la libertad
de elección, ver que ha quedado en realidad  del problema original.

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