ABORTO: Me gustaría que fuéramos todos bienvenidos


 

Tengo que partir de la
premisa, suponer, que para todos, el aborto es un difícil solución sea cual sea
la magnitud del problema que presente un hijo no deseado, pues interrumpir
una  vida humana, o que ya esté concebida
para serlo, debe ser en cualquier caso una decisión difícil y muy desagradable
de tomar. 

La disyuntiva de elegir sobre
permitir que la vida continúe a partir de un determinado momento,  o no, depende de la magnitud del problema que
acarree y de la importancia que le demos, en según que etapa  se encuentre de su evolución. Quiere decirse
que la elección de abortar se ha de entender que es un ejercicio de elegir
entre dos problemas que se contraponen: Entre un mal mayor  o un mal menor.

Y lógicamente, el actuar
acertadamente depende de saber elegir cual es el mal menor. Si bien los
problemas que puedan presentar una nueva vida, las circunstancias adversas que
rodean su presencia su magnitud e importancia 
son en general permanentes, lo consideramos así como valor absoluto. Sin
embargo el valor de una vida humana, y por tanto, los derechos sociales que le
amparan, depende del estado de evolución en que se encuentre  en ese tiempo, dentro del seno materno, es
decir, la vida humana tiene un valor relativo en el tiempo, y esta
valoración  es la que nos puede  hacer ver si nuestra intervención es acertada
y correcta en conciencia, del tal forma que nuestro planteamiento inicial
dentro de una conducta moral y ética es saber hasta cuando, estamos impidiendo
que alguien venga a la vida (como pueda considerarse una forma mas de método
anticonceptivo)  o a partir de cuando en
realidad a ‘alguien’ se le interrumpe la vida

En este párrafo último está
un poco el quid de la cuestión. ¿Sabemos cuando estamos aceptando, o no, traer
a alguien a la vida o en realidad estamos permitiendo o no continuar en la
vida?

Pero si nos hacemos un
planteamiento diferente quizás nuestra apreciación de la realidad lo sea
también, y los problemas que se sopesan y contraponen se queden quizás  tan solo en la forma de plantearnos el
problema. 

Vemos  que los problema que acarrea la presencia de
un hijo no deseado, por esa misma razón de no serlo, son problema  absolutos. Circunstancias  adversas que concurren en esos momento  y que son difícilmente modificables, son
problemas que hacen desaconsejable en mayor o menor medida la presencia de un
hijo, y aun también por el simple hecho de no ser deseado.

Pero el valor que le damos a
ese ser desde su concepción es relativo, pues se modifica rápidamente con el
paso del tiempo, pasa de los primeros días de la concepción en los que no se
considera una persona, con su valor y derecho sociales como cualquier otra  persona, hasta que adquiere plenitud de
derechos   cuando nace, o cuando  consideramos que está plenamente formado,
poco tiempo  antes de nacer. Quiere
decirse  que siendo generalmente los
problemas circunstanciales los mismos, esta etapa de evolución en adquisición
de derechos  o de respeto a valoración
como persona viva, varía rápidamente a lo largo de esos nueve meses de
gestación. El  valor de la vida, como ser
humano, en este caso es relativo y variable con el tiempo y dependiendo en que
etapa  relativa se encuentre respecto a
ese valor invariable o fijo, que consideramos son, los problemas
circunstanciales, será un mal menor, 
igual, o mayor, y por tanto es lo que nos hará decidirnos en tomar  un camino u otro, para afrontar la solución
del problema.

 

Pero puede ser que la vida a
partir de un determinado momento sea un valor absoluto como persona y que  sin embargo de los problemas circunstanciales
podamos hacer un valor relativo y bajar ese listón de los problemas todo lo que
queramos, y siendo que se eleva el valor de la vida,  y se reduce o minimiza  la magnitud y repercusión de los problemas
circunstanciales  que la rodean,
fácilmente ¿Entonces donde puede estar el problema para continuar con ese proyecto de
vida?    

 

 Hemos de ver en primer lugar,
cuando se puede considerar a una persona completamente constituida como individualidad,
al margen de su evolución en adquisición y plenitud de cualidades, en
conciencia, conocimiento, experiencia, etc. Vemos que su evolución en
crecimiento y desarrollo es gradual y se consolida con el tiempo ¿Pero cuando
se constituye  como individuo, aun no
consciente, pero con todo ese potencial de identidad e individualidad  que lo identifica como persona plena y
absoluta?  ¿Puede ocurrir esto en  un determinado y concreto momento?

Ciertamente cuando desaparecemos,  nos
extinguimos en la muerte, ocurre que sucede en un momento exacto. Podemos estar
mas o menos consciente en es etapa previa al desenlace final e incluso en
estado vegetativo si nuestro cerebro está gravemente dañado,  pero nuestra extinción como individuos y de
forma irrecuperable se sucede en el momento exacto  (o de forma inminente) cuando se detiene
nuestro corazón. Al margen de que el proceso cognitivo de la personalidad y
constitución de esa  individualidad pueda
estar  ubicado en el cerebro, el corazón,
es quien alimenta ese proceso y quien marca su ritmo vital.

Si nos extinguimos como
individuos en ese último latido de nuestro corazón, es lógico pensar que nos
manifestemos como individuos en su primer latido, pues es cuando empieza la
corriente  vital, al margen de que el cerebro
esté en proceso de desarrollo y de  
autoidentificar esa realidad, proceso que incluso continua aun fuera del
seno materno.  

 

Tengo que decirque no se cuanto tiempo después de la
concepción empieza a latir el corazón, 
pero sea cuando sea, es lógico pensar que a partir  de ese momento  empieza nuestra andadura como ser, como
persona, como individualidad, como identidad única y diferenciada.  A partir de entonces empieza una carrera
evolutiva en toma conciencia y realización de esa realidad constituida ya, como
valor absoluto e inamovible en ese primer latido.


Si bien con 
este nuevo planteamiento, le estamos dando valor absoluto a la vida,
como persona,  desde ese primer latido,
también podemos a su vez invertir el valor de los problemas que acarrea su
presencia y que considerándolos como abslotuos, hacerlo relativos  y así reducirlos a su  mas mínima expresión, y esto no es difícil si
nos atenemos a otra realidad  que nos
pasa en cierto modo inadvertida. Pues tenemos afianzada la impresión, “por razones
obvias” que  pertenecemos a nuestros
padres, a nuestros progenitores, casi como propiedad exclusiva,  cuando en realidad esa medida de pertenencia, lo es,  en relación a nuestro  entorno social.

 

Desde este planteamiento de
‘perntenecia a la totalidad’, a nuestro entorno social,  se puede, y de forma sencilla bajar el listón
de los problemas que acarrea la presencia de un hijo, de un nuevo ser. De tal
forma que permitir que alguien continúe en vida en el seno materno no sea
ningún problema, y en todo caso fácilmente transmutable en satisfacción y
alegría.


Nosotros, cada uno de
nosotros, pertenecemos a la totalidad en igual mediada que ella nos pertenece y
en forma consustancial. Cualquier cosa que hagamos cada uno de nosotros por
la  totalidad o la totalidad haga por
nosotros en cualquier sentido que se haga, y tanto en signo positivo como
negativo, se incremente en rápida 
espiral de  crecimiento o
decrecimiento respectivamente.


Por tanto cualquier individuo
que como miembro  se incorpore a la totalidad,
trae en sí ese potencial reciproco. En 
interés mutuo y altamente constructivo. Que la totalidad se entregue con
generosidad a cada uno de sus miembros y que estos a su vez lo hagan a la
totalidad, es un interés que se dan en todos los ámbitos,  desde el mas puramente materialista hasta el
mas elevando interés espiritual.  Y en
ese sentido nos debemos y somos dueños los unos de los otros.

Cuando alguien viene  a 
nosotros a través del único camino posible, el seno materno de una
mujer, no por eso deja de ser  nuestro de
todos, y  no en práctica exclusiva  de la mujer, ni del hombre que ha puesto los
medios físicos  materiales para que así
sea. En particular evidente mente hay una vinculación emocional y de estrecha
dependencia anímica y lazos indisolubles de amor, pero en su contexto general
es de pertenencia a su entorno social. Y como parte sustancial nuestra nos
corresponde aportar todo lo necesario 
para su desarrollo y realización. Es nuestra  toda 
la carga que pueda traer consigo ese ser. Pero  esos latidos de vida en esa etapa que
dependen del seno materno, no podemos hacerlos nuestros todavía  en esa específica función y tampoco podemos
obligar a nadie en particular que asuma esa carga.

 

Podemos aliviarte a ti,
como  madre, con todo los medio a nuestro
alcance para que esa carga de vida sea perfectamente asumidle y llevadera, pero
no podemos sustituirla en esa especifica función, es necesario e ineludible que
hagas esa labor, individualmente, por los demás. Podemos proporcionarte la
mejor asistencia medica posible, toda las necesidades  materiales y costes que conlleve la
maternidad, podemos asumir todos los gastos una vez nacido y proporcionarte
todo lo mejor para el desarrollo de tu bebe, de tu hijo,  y con absoluta dedicación y entrega, podemos
asumir la atención a ese hijos con todo 
cariño y amor en sus necesidades y también en sus deficiencias.  Rodearlo de nuestro cariño y afecto para que
se sienta protegido, amparado, querido y aun en sus posibles penalidades se
sienta inmensamente feliz. Pero no podemos tenerlo en nuestro seno en esa
delicada etapa de formación de su cuerpo, todos los problemas que creas te
pueda acarrear, todos  te los
solucionaremos con infinito amor a la vida,  infinito respeto a tu  volunta e infinito respeto a tu derecho primero de
amor hacia él.  Solo queremos y te pedimos que
permitas  venga  a nosotros,  a nuestro hermano amado, bienvenido. 

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