Tenemos que hablar

……..No obstante y como ya he referido en otra ocasión. suelo asumir con bastante resignación el sistema social que me toca vivir. Pero…, y de esto me he tenido que dar cuenta, sufriendo esta justicia social en primera persona, (sobre el trato a la familia desde las instituciones) cosa que es bastante más grave de lo que se está percibiendo desde fuera, y no porque lo esté sufriendo particularmente, sino porque lo estamos sufriendo todos sin excepción, en todas las capas sociales, consecuencia de las ramificado de sus efectos y de los profundo de su causa, y todo gracias a la torpeza insensibilidad y suma de despropósitos que se suceden y que en este caso concreto, desembocan no solo en la indefensión, desamparo y vulneración de derechos que tiene que ver con el hombre, no solo en ensanchar y profundizar esa brecha de odio y resentimiento entre hombre mujer, con el incremento de más amenaza y riesgo para la mujer, no solo con la liquidación del derechos de nuestros hijos a crecer en un ambiente de paz y armonía y en el desarrollo de valores de convivencia, respeto con la autoridad y referencias morales minimamente necesarias. Sino por ese legado que estamos dejando, (a veces con la buena voluntad pero con el error inconsciente) a nuestras futuras generaciones, con esta herencia que envenena y erosiona los pilares que sustentan a nuestra institución primera: La Familia. Y si pretender ser agorero, pero en este camino, insistir en este camino, en esta huida hacia delante, empujados atolondradamente, por los efectos del problema, parche sobre parche, cosa que impide actuar con efectividad y recursos en sus causas y generalmente con resultados contrario, agravando cada vez mas el problema: Dejaría a la humanidad matemáticamente sin futuro.
Tengo que decir en primer lugar que para mí, los hijos han sido siempre una carga no deseada. Quizás si hubiese considerado tener hijos por el simple deseo, o por simple inercia social o natural: -porque ahora toca casarse, o porque ahora toca tener hijos, o por simple ilusión o deseo emocional, posiblemente no los hubiese tenido. Pero la Vida me ha puesto cuatro en mi camino. No obstante, no sé que hubiese hecho de haber tenido la libertad de elegir, posiblemente con el tiempo, solo cuando me hubiese dado cuenta de esa necesidad y responsabilidad. Creo que no hubiese tardado en llegar a esa conclusión, por que ya hace tiempo estoy defendiendo esa necesidad de tener hijos, y aprovecho la más mínima ocasión para motivar a la gente para que tengan hijos. Es muy importante, es una deuda ineludible que tenemos para con la sociedad. Si nosotros estamos en este mundo es por que hay gente que se ha tomado la molestia y el sacrificio de traernos y de ayudarnos a vivir, y eso lo debemos. Es una deuda que se nos queda pendiente, no para con nuestros padres, esa función concreta no se la podemos devolver a ellos específicamente en eso términos, por lo tanto es al mundo, a la naturaleza, a nuestra sociedad a quien lo debemos y quien está imperiosamente necesitada de esa aportación. Como he comentado anteriormente, esa mentalidad que se extiende en esta nuestra sociedad del bienestar a ultranza, y del consumo desaforado, que es evitar la responsabilidad y el trabajar por tener hijos, y que empieza a contagiar a otras culturas que tradicionalmente conservan ese ideal de tener el mayor número posible de hijos, supone una lacra importante a nuestra sociedades, no solo por su carácter de interés materialista, sino también de oportunidad evolutiva. Pero importante sería que se haga con esa responsabilidad y convicción, y no por el simple deseo emocional, instintivo, o por inercia o mimetismo social. Aunque si bien, dentro de unos planes generales y recomendables de equilibrio demográfico y siempre respetando la libertad de elección y el derecho al desarrollo individual.
La cosa creo que guardaría un equilibrio razonable si se moviese dentro de estos márgenes: Como mínimo dos hijos por pareja, es la forma justa de saldar nuestra deuda. Y si se quiere hacer una aportación de generosidad hacia la sociedad se hace necesario tres por pareja, por que todo el mundo no puede tener y/o atender hijos, y por lo tanto se hace necesario compensar ese déficit. Y bueno, nuestra generosidad sería reconocida, bastante más allá o más arriba de lo que imaginamos, si sabiendo de los sinsabores y el sacrificio que supone, a veces, el tener hijos, trajésemos cuatro, porque este número familiar supondría en clara recuperación de la especie, y de un necesario y rápido equilibrio generacional.
El caso es, que por mi parte he tenido que cumplir con esta meritoria labor, sin bien es cierto sin pretenderlo voluntariamente, y una vez puesto, lo he intentado con la mejor de las voluntades aunque no me haya salido todo lo bien que hubiese deseado. Ha sido con dos matrimonios consecutivos y con características sorprendentemente similares. Me refiero a que el error al elegir pareja, al elegirnos con ese compromiso de largo plazo, fue similar. Tampoco tuvimos muchas posibilidades de elegir, puesto que los hijos se presentaros antes de darnos cuenta de que no nos interesábamos mutuamente como pareja a largo plazo. En mi primer matrimonio a pesar de mi juventud (19 años) y de lo inapropiado del asunto, no se puso inconveniente a algo que parecía inevitable en aquellos tiempos, es decir: traer a todo aquel que se presentaba sean cuales sean las circunstancias. Formalizada la relación, al poco tiempo esta se ponía complicada al extremo que nos planteamos separarnos. Sin embargo, se desestimo tal solución, no porque en aquel tiempo no se permitían los divorcios, puesto que siempre quedaban otras soluciones alternativas, sino a medida que nos dábamos cuenta de los inconvenientes que eso podía suponer, si queríamos que la cosa no fuese especialmente perjudicial para con nuestros hijos. Hubo por lo tanto un acuerdo para continuar con esa unidad familiar hasta la mayoría de edad de nuestros hijos. Y así a los 19 años de casados, con nuestros hijos mayores de edad, se pudo disolver esta relación en común acuerdo. De la que conservo una estupenda amistad y dos estupendos hijos.
Pues como quiera que se repitiera la historia con éste, mí segundo matrimonio, al tener que iniciarlo, mas o menos, con los mismos condicionantes que el anterior, mi propósito, cuando ya se veía difícil continuar con la relación de pareja, de igual modo también, fue establecer una relación pactada para preservar el derecho de nuestros hijos a tener padre y madre en igualdad de condiciones y bajo un mismo principio de autoridad. Pero en este caso no ha podido ser. Ella amparada por esta nueva ley de divorcio, me ha echado a la calle y me ha alejado de mis hijos sin más contemplaciones. Aunque también es cierto que con mi propósito de establecer una relación de trabajo en familia al margen y concluida nuestra relación sentimental de pareja, no me ha acompañado la fortuna, de hecho me ha salido todo mal, muy mal, insólitamente mal, diría yo.
Cuando empieza a deteriorase gravemente nuestra relación y advierto cuales pueden ser sus intenciones, y empiezo a descubrir el desamparo legal (que hasta ese momento desconocía) que tiene el hombre por ser hombre. Aquello me parecía tan inverosímil y más en una sociedad avanzada como esta, con especiales avances en justicia social. No me podía creer que se diese esta liquidación de derechos de una parte, para alinearse con los derechos de la otra, de una forma tan ciega y discriminatoria. Así que consulto con diferentes expertos en la materia, y efectivamente así era. De tal forma que en los casos de matrimonios con hijos, en el caso de ser pobre, (por no tener dos viviendas, cosa que da algunas posibilidades para conceder la custodia compartida) con solo solicitarlo, y por la regla de tres de que se le concede sistemáticamente la custodia de los hijos a la mujer, por el solo hecho de ser mujer, salvo demostrarse incapacidad grave, clara y manifiesta de ella, te echan a la calle y te aleja de tus hijos sin tener que dar ninguna explicación, ni necesidad de justificar mala o inapropiada conducta. Y no solo eso, sino que si admites la convivencia en esas condiciones, es para aceptar una relación, un “compartir”, en donde planea día y noche sobre tu cabeza esa espada de Damocles.
Ahora entendía también cual podría haber sido la razón, porqué mi compañera no condescendía a ningún tipo de medida para evitar los puntos de fricción que eran causa de conflicto y discusiones interminables entre nosotros, por el hecho de compartir estrechamente espacios, mobiliario y utensilios de uso común. Pues le sugería diferenciar y disponer de habitad separados en casa, por lo menos dormir en camas y habitaciones separadas y así tener la posibilidad de poder deslindar actividades y menesteres propios o personales, que hasta ahora se hacían estrechamente y eran causas de conflictos. Medidas de ese tipo, sin lugar a dudas bajaría la tensión entre nosotros. Pero se puede comprender que cualquier solución que pasase por aliviar esa tensión, jugaría claramente en contra de sus posibles intereses egoístas. Aunque para solicitar el divorcio no se necesita argumentar ninguna razón de desavenencias, solo con solicitarlo por una de las partes se concede, sin embargo para justificarlo ante su familia y tener su apoyo, si que se hace necesario evidenciar que la relación es muy complicada, e incluso grave. Con sus padres viviendo justo en el piso arriba, se hacia por tanto una estrategia necesaria, puesto que eran testigos directos de esa violencia verbal, bueno, de los gritos e insulto que ella profería constantemente y a la más mínima.
Como quiera que no había ninguna posibilidad razonando con ella, que no fuera marcharme de casa y dedicarme exclusivamente a trabajar para ella y nuestros hijos, mi propósito, en ese primer momento, es participar de esta difícil situación familiar a sus padres, solicitar de sus consejos y especialmente de su mediación. Me parecía bastante razonable involucrar a sus padres en el problema, y siendo que yo estaba dispuesto a poner las medidas necesarias para rebajar la tensión entre nosotros, y dispuesto, como no, a que ellos mediasen en caso necesario en nuestra relación, en esta nueva etapa de compartir nuestras responsabilidades de familia, al margen de nuestras relación sentimental. Consideraba esa solución con muchas posibilidades, puesto que además ellos, creo, son igualmente interesados en que hubiesen una continuidad familiar en respeto y consideración a unos acuerdos mínimos, ya que estos problemas, al final repercuten en toda la familia y para ellos suponía tener que apechugar con parte de él, concretamente con atender a tiempo completo a mis hijos, como está ocurriendo, puesto que mi excompañera ahora tiene la necesidad de trabajo remunerado, y lo hace a lo largo de todo el día. De manera que yo creía que ellos como parte interesada y perjudicada aportarían también soluciones al problema. Pero sorpresa, cuando intento dirigirme a ellos, me encuentro con una total negativa al dialogo. A la vista de su reacción, parece ser que mi excompañera ya me ha ganado la mano y los tiene enfrentados contra mí. Con dos argumentos claves: Que me quedaba con gran parte del dinero de la nómina y que le agredía física y psicológicamente. Y claro, esos dos argumentos por si solo son muy graves, y si no se tiene la precaución de comprobarse y contrastarse debidamente, son argumentos más que suficientes para tomar una posición enfrentada a priori, y en este caso totalmente desafortunada para mí.
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2 respuestas a Tenemos que hablar

  1. JOSEFINA dijo:

    Melón maduro: ¿este escrito es sobre la consulta que te hice de las familias monoparentales?¿De como ves tu el abandono de las administraciones ante estos temas?O… ¿simplemente es que me quieres contar lo mal que lo pasaste y lo estás pasando con tu separación y la custodia de tus hijos?En cualquier separación, ambas opiniones son distintas y cada una tiene su lado de razón.No te mortifiques. intenta ser feliz junto a tus hijos y sobre todo, hacerles felices a ellos que son inocentes de las equivocaciones de sus padres.Por lo que cuentas, tu ex, te tiene y tuvo bastante tirria por algo que no le gustaba, o simplemente no cubriste las espectativas que ella tenía.Posiblemente se casó muy enamorada de ti, con una sola equivocación: que ella creía que era amor y, solo era ilusión, y esa se pasa con gran rapidez. Su grado de maldad parece muy grande, pero posiblemente también me parece que pueda tener grado de inmadurez mental.Destaco la sed de venganza. Haz un examen de conciencia y analiza en que fallaste tú, no como ser humano, solo como compañero de ella. Date cuenta que tu mismo dices que era inevitable la pareja por la venida de los hijos ¡¡ mal comienzo es ese!! matrimonio obligado rápido separado y es lo mejor. Ahora te toca solucionar el conflicto de los hijos, y tu puedes con ello. Te toca pasar malos momentos para convencerla que es lo oportuno para ellos. Simplemente hazla ver que durante el tiempo que pudiste y como supiste tu querias hacerla feliz, pero por ser de distinta forma ambos no utilizaste posiblemente las mejores formas y ella tampoco supo apreciar la dedicación que le profesaste. Que ambos os confundisteis (la pareja es de dos) y que ahora os toca luchar para ser felices por separado (os lo merecéis) y hacer en conjunto felices a vuestros dos retoños.No te atormentes más, intenta ser feliz y deja de tener hijos como primera medida de la pareja. ¡¡¡ no me digas que no tienes culpa, que seguro que bien que participas en ello!!!Muchos besos meloncito del Mediterráneo.mu@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@

  2. Juan Manuel dijo:

    Hola meloncito dulce de secano, haces preguntas y planteamientos muy interesantes, pero como no se por donde empezar, y procurando ser lo mas concreto posible, te contaré en términos generales . Tengo que decir en primer lugar que para mí, las experiencias con los matrimonios que me han tocado “sufrir” procuro narrarlos de la forma mas objetiva posible y sin implicaciones emocionales, aunque comprendo que desde la misma objetividad con que intento narrar las cosas, a veces se desprenda algún tono de queja, de lamento, de resentimiento o reproche. Jamás en culpado o he reprochado a nadie de mis adversas circunstancias, es más, las considero como experiencias vitales y en este caso muy desveladoras. Para mi ha sido muy sorpréndete y curioso que mis dos matrimonios hayan tenido comienzos y características muy similares, pero así como en el primero se pudo llevar y concluir aceptablemente, el segundo ha sido como en una vuelta de espiral de bastante mas dureza, donde en realidad he podio vivir experiencias, en casi todos de sus aspectos de los problemas que hoy vive la familia, especialmente el conflicto que hay en su seno. Y a medida que hago balance de esta experiencia le voy encontrando más sentido y razón de ser a estas extrañas circunstancias que me han tocado vivir. Por eso te digo, que todo esto ha sido una escuela para mí y desde esa perspectiva intento narrar lo hechos. Y precisamente a punto de concluir mi etapa activa en esta vida, me doy cuenta que el objetivo de ésta, ha sido, y está siendo casi en exclusiva el de aprender. En mi propósito y firme voluntad de ayudar a los demás y contribuir a hacer de este mundo, un mundo mejor y mas justo, se ha hecho necesario comprender y ver el origen punto de partida y causas de la práctica totalidad de los problemas sociales y donde se puede modelar con eficacia los cambios de conducta que hagan de este mundo, un mundo en paz, y es, efectivamente desde el seno de la familia. Y ha tenido que ser así, las grandes lecciones del espíritu se aprende con el fuego del dolor y el sufrimiento y todos los problemas sociales, tienen su punto de partida y origen en la familia, es la primera institución que ha de considerarse para cualquier cambio profundo en nuestra sociedad. Y por eso, siendo esa mi voluntad, me doy cuenta la razón de que mi vida entera haya girado en torno a la familia, en todas sus vicisitudes y avatares, y cuando hago balance de mi vida en este aspectos me doy cuenta lo que he venido a aprender y el valor inmenso que me han ofrecido estos dos matrimonios. En cuanto a la pregunta que me haces sobre la familia monoparental, tengo que decirte en primer lugar, que los hijos son de la sociedad, pertenecen a la totalidad del conjunto social, y es la sociedad, como deuda propia y en exclusiva, la que se tiene que hacer cargo de ellos, de todas sus necesidades: en su sustento, protección, educación, etc. Los padres solo asumimos una responsabilidad (no propiedad) la de amarlos y transmitirles nuestros valores y afecto. Digamos pues, que la sociedad ha de asumir en justa contrapartida las necesidades materiales de nuestros hijos como parte consustancial e indisoluble del conjunto social que son. Y la familia asume la responsabilidad en el papel representativo del espíritu, y en este sentido tengo que añadir qué, (y de esto solo una sensación) es importante que una familia este constituida por padre y madre, creo que esa figura familia es importante para nuestros hijos, al margen que se les pueda atender con todo el cariño y dedicación en todos los aspectos de su formación y esto pueda hacerse igualmente desde cualquier modelo de familia en igual medida y sin diferencia alguna en sus resultados, sin embargo tengo la sensación que algo nos perdemos cuando nuestros hijos no crecen y desarrollan bajo el amparo de esa única figura formada por el padre y la madre. No se como explicarlo, pero es como si el principio masculino y femenino sustanciado en la carne en común unidad, invocase una nueva figura sagrada, necesaria para los aspectos mas sutiles de nuestra formación humana, con resultados de hondo calado y valores permanentes. Son aspectos de nuestra naturaleza, que quizás puedan ser obviados y no pasa nada, pero no es esa mi impresión. En la misma medida que sufren nuestro hijos la desarmonía familiar por las desavenencias de los cónyuges, pueden impregnarse de esas beneficiosa energías de armonía de amor entre ellos, cuando se da. Todo funciona en justa contrapartida, y nada es gratuito en este mundo. Ya te contaré algunas experiencias al respecto,Un besito, mu@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@

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