(5) DERECHO NATURAL A LA FAMILIA

Si bien todo esto, de momento solo puede ser un proyecto o propósito de buenas intenciones, que puede parecer todavía muy lejos en el tiempo, a pesar de que las medidas preventivas son mucho menos costosas socialmente, que solucionar los problemas en avanzado estado de deterioro y cuando han llegado a generan daños irreversibles. Sin embargo, si que se pueden hacer algunas cosas, que no necesitan de un esfuerzo especial, sino de que preocupe de verdad el problema. Un poco de sensibilidad y preocupación en nuestros legisladores, y que las leyes,  las medidas que se tomen sean con tacto suficiente para no perjudicar, hacer un mal mayor que el que se pretende solucionar, o lo sea en la menor medida posible, y que por lo menos, se evidencie interés en ello, y no se instalen en la comodidad de estar actuando en función de la presión y alarma social que crean ciertos casos puntuales y de extrema violencia. Y  prever y atenuar en lo posible,  las consecuencias  negativas que pueden producirse con determinadas medidas que surgen desde esos  estados de animo colectivo, directa o indirectamente, tanto a corto, como a medio o largo plazo. Si malo es que hayan soluciones claramente perjudiciales para una parte en beneficio de otras, peor es, cuando salen todo claramente perjudicados y peor todavía, cuando una ley pretendidamente proteccionista tiene resultados más negativos que antes con menos medidas protectoras, y los resultados, como en cualquier gestión en la que se tiene que velar por los intereses, no importa sean propios o ajenos, son los que determinan la validez de los procedimiento, cosa que incomprensiblemente no ocurre muchas veces en la gestión pública. Y si pudiésemos analizar  en profundidad, y medir las consecuencias sociales de  determinadas  medidas, pretendidamente proteccionistas,  facilitando alentando y dando pábulo a la desestruccturación y liquidación familiar, veríamos que sus consecuencias repercuten muy negativamente en todos loa ámbitos sociales, aun en  los aparentemente no  relacionados. Mucho mas de lo que nos podamos imaginar..

 

Hay un detalle, que se le suma a todo este cúmulo de despropósitos y en el que éstas medidas rematan con resultados especialmente nefastos, en este, nuestro tan socorrido y apreciado sistema de querer solucionar las cosas por medio de las prohibiciones, la fuerza y la represión, como si fuera la panacea universal. Una circunstancia que se da paralela a esta forma de solucionar los problemas sociales, y que entraña, no solo resultados peores, sino que alienta y alimenta unos de los canceres sociales que subyace en nuestra sociedad, prestos a manifestarse en cualquier actividad social, y especialmente en las públicas: La Corrupción. El mal en forma de traición, tanto por cuenta propia, como organizado. Hay una diferencia entre el ladrón que nos roban para sobrevivir, por que no encuentra trabajo, o porque no le gusta trabajar, o como forma de vida, o simplemente para darse la satisfacción de un determinado estilo o nivel de vida. Y aquel que nos roba habiendo depositado en él nuestra confianza, nuestros bienes o nuestro dinero, con el propósito de administrar un bien colectivo, y que nos roba generalmente para enriquecerse con ambición desmedida, sin escrúpulos, y diferenciarse de sus administrados o súbditos, en un estilo de vida, de clase, marcada por la ostentación, la vanidad, el exceso, el despilfarro, el lujo …, diferenciarse y distanciarse de la gente que representan, de su realidades, de sus problemas y necesidades, de todo por lo que predican hipócritamente estar ahí.

El primero ladrón roba de de nuestro trabajo, de nuestros frutos: Si hiciéramos una símil o analogía con un árbol, este ladrón que necesita sobrevivir de una forma más o menos justificada en este mundo de difícil supervivencia y escasas oportunidades sociales, especialmente para los más débiles o menos capacitados, este ladrón robaría del fruto de nuestro árbol, de un trabajo ya realizado, a veces incluso de nuestros excedentes. Pero el segundo ladrón, el traidor, el que corrompe sus principios, ese ladrón en el que depositamos nuestra confianza y dinero. El dinero que aportamos para que funcionen nuestras instituciones, nuestros organismos y sistemas sociales, sus mecanismos básicos de solidaridad,  compartir y crecimiento, este ladrón roba de la savia de nuestro ‘árbol social’ e impide que esa savia de el fruto esperado en una proporción de ciento por uno (uno que se lleva, que roba, son cien que no produce). Es el que con enorme diferencia, más nos empobrece, todo lo empobrece a su alrededor. Roba lo más preciado y esencial de la vida social, nuestra savia. Roba de la vitalidad de nuestras instituciones, de nuestro árbol social. Y ese ladrón que se enmascara como nuestro servidor y que con sus acciones nos engañan, traiciona nuestra confianza e impiden gravemente nuestro crecimiento natural, en lo vital, como sociedad. Ese, es Ladrón de Alta Traición.

Las separaciones matrimoniales en claro alineamiento del estado con los derechos de la mujer en detrimento de derechos básicos de los hijos y del hombre. Evidentemente despierta y alienta, da pábulo al lado más siniestro y letal del egoísmo humano. Y más grave todavía instigado y asesorado en mayor o menor medida de una forma mas o menos consciente por un sector de la rama profesional que sabe que su negocio, su enriquecimiento puede ser mayor si se generan conflictos, y en este caso sencillamente por que se saben vencedores a priori gracias a esas leyes discriminadoras e injustas Y por tanto se hace desaconsejable para los intereses propios, sabiéndose con garantías de victoria segura, ya no solo, el disuadir a su cliente del enfrentamiento judicial, sino el alentarlos a ello. Llegados estos extremos la corrupción muestra su lado mas perverso y dañino, cuando un ley o una actuación social determinada, se trasforma en daño propio extendiéndose por último no solo a todas las capas sociales, sino también a quienes va dirigida su protección o ventajas, y multiplica su efecto negativo en sus propias filas. Estas leyes utilizadas con honestidad y respeto puede tener su función positiva, pero en este caso, tal y como se presentan, con la pocas precauciones, vigilancia y prevenciones de las que se rodea para su correcta aplicación, no solo se hacen vulnerables, sino tentadoras de ser usurpadas, y se hace necesario tener notable conciencia del problema y suficiente sentido de la responsabilidad y honestidad para su correcta utilización, labor por la que mucha gente no está. Por tanto, se corre el riesgo no solo de ser con mucha facilidad instrumento inútil, sino contraproducente, resultando perjudicial tanto en sus objetivos como en el contexto social en el que se aplica. La inconsciencia, desde luego, empieza por hacer leyes fácilmente vulnerables e incitadoras a la corrupción, y luego pretender dar la solución ejemplarizante, metiendo a los corruptos en la cárcel, cuando se ha tolerado, con una total falta de precaución, previsión y voluntad, hacer un descomunal problema de esto. La solución no está en castigar y meter en la cárcel a los corruptos un vez hecho el daño, la solución está en que las leyes prevean estas acciones y se legisle teniendo en cuenta esta condición humana, e incluir en toda ley los mecanismo preventivos de organización y control que impidan estas actuaciones y ese daño, antes de que este se produzca. Soluciones aleccionadoras y ejemplarizantes a posteriori no le interesa a nadie, y en ningún caso demuestra que sea una solución ante  tan evidentes resultados.

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