3 (leer en orden de publicacion) DERECHO NATURA A LA FAMILIA

 

 

jf, para mi es una gran preocupación la violencia de genero, no solo por el dolor y sufrimiento que acarrea a la mujer, sino por las consecuencias negativas en todo su contexto social y por que se  queda como semilla en nuestros hijos. Pero este no es el camino.

 

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Puede parecer insensato decir que más importante que tener a nuestros hijos con sus necesidades materiales y educativas (del conocimiento)  atendidas, es que cuenten con la presencia de sus padres por igual,  y los valores que de esa forma, aún intangible, puedan transmitir la sola  presencia de esa figura familiar,  no quiero decir exactamente y necesariamente de la presencia física de sus padres en todo momento y a pedir de boca, cosa que todos sabemos que por razones laborales, y por la falta de apoyo social a la familia (concretamente, de eludir la sociedad su responsabilidad de atención a la familia ), no puede ser, sino con la presencia figurada de sus padres, y como padres en igualdad de condiciones ante ellos, en el que haya constituido un mismo principio de autoridad.

Es muy importante que empiece a darse verdadera importancia a este detalle, pero no para considerarlo un derecho más a tener en cuenta, sino para considerarlo el derecho primero, el prioritario, fundamental e insustituible que es. No sabemos exactamente porque nuestros jóvenes son como son, porque vemos a nuestro juicio esa actitud negativa, desafiante en casos, sin aparente referencias morales y con ese desorden de valores de la que tanto nos lamentamos y que sufren gran parte. No sabemos exactamente porque ocurre esto. Ni sabemos con exactitud como repercute en todos los ámbitos en los que posteriormente van a relacionarse y desarrollar. ¿No será que en nuestro orden de prioridades en el trato a la familia en general y a nuestros hijos en particular hay establecido un orden de prioridades equivocado en sus derechos?

Si se quiere terminar con este problema que sufre la parte más débil, nuestros hijos, con todo ese desorden de valores y de falta de referentes morales, y al que a la postre luego solemos acusarles. Si se quiere terminar con este desastre de malos tratos, tanto físicos como psíquicos que sufren las mujeres, y que va creciendo con esas medidas pretendidamente proteccionistas, pero que a su vez, tal y como a veces se aplican muchas veces en clara vejación y humillación, y usurpación de derechos más elementales e incluso permitiéndose ser fácilmente manipulables, y claramente inducidos por intereses egoístas, que instigan y que provocan aún más la acción violenta. Si se quiere terminar con este desastre que humilla y veja en clara discriminación de derechos a los hombres, solo por su condición de hombres. Habrá que pensar en primar lugar, en que algo no se esta haciendo bien cuando todo el mundo sin distinción sale perjudicado y los resultados negativos  aumenta progresivamente en la misma medida que se incrementan los esfuerzos por solucionarlos. Y por tanto habrá que hacer algo que necesariamente no tenga que pasar por medidas de fuerza, represivas y de liquidación de derechos, al extremo de ser algunos de estos derechos constitucionales, y por tanto poner un orden de prioridades correcto en la toma de medidas en nuestra acción pública. Y hay cosas en este asunto que se desestiman tan gravemente como inconscientemente.

Estoy de acuerdo que la violencia que se genera con tanta frecuencia en el seno familiar y que sufren todos sus miembros, sin excepción, es muy difícil de atajar y posiblemente en muchos casos es recomendable disolver esta situación. Pero eso no justifica generalizar su uso y mucho menos dar todo tipo de facilidades, puesto que la disolución trae también consecuencias negativas, y estas pueden ser en muchos casos más negativas que las qué pretendemos resolver. Por lo tanto hay que buscar soluciones intermedias, y por supuesto no culpabilizar, o liquidar los derecho de una de las partes  partes, sistemáticamente, por su condición natural. Cuando la maldad hemos de reconocer que está por partes iguales en ambos géneros y en toda condición humana. Desde luego que intervenir en este tipo de conflictos es muy complejo y delicado, pero es preciso afrontar esa situación desde su origen, desde las causas del conflicto y no sobre sus efectos finales, y dar pasos decididos en ese sentido. En primer lugar tengo que decir  que para mí, algo que ha sido en principio eje de mi relación y conducta con mis parejas, y que sería bueno que de alguna manera se inculcase esa necesidad en las parejas que formalicen su relación, es, saber aceptar cada uno las circunstancias que nos toca vivir, asumir esa responsabilidad, y no creer que todas las adversidades y penalidades que se sufren son rematadamente injustas e inmerecidas, y en consecuencia, no ver a en mi pareja la causa de mis problemas, o al menos de la totalidad de mis problemas. En nuestra función de mejora de la personalidad, en ese marco de estrecha relación con nuestra pareja, escenario a veces, de circunstancias y situaciones difíciles donde se pone a prueba nuestra verdadera naturaleza, donde podemos vernos reflejada nuestra personalidad en detalles y matices que en otros ámbitos u otros tipos de relaciones no se dan. Esto puede parecer trivial, pero tengo que decir qué a pesar, o mejor dicho,  gracias a las relaciones dificultosa con mis parejas y los escollos que he podido salvar en especial atención a mi personalidad, y con un buen, aunque no siempre acertado propósito conciliador, puedo decir qué, lo mejor que me llevo de esta vida, me lo han proporcionado ellas. Y sin ellas no hubiese sido posible.

Sin embargo, los hijos, en cuanto a la relación con ellos, aunque te aportan y llenan tu vida de interés, sentido y razones de vivir, no son tan fructíferos particularmente en este particular, y debido quizás, a nuestra relación de desigualdad para con ellos. Aunque si en algo, contribuirían enormemente sería precisamente en esforzarnos por considerarlos como iguales. Mantener el papel que cada cual desempeña en la jerarquía familiar, pero al margen de ese sentido posesivo de propiedad respecto a los hijos, y no considerarlos como una parte consustancial nuestra, y con todos los condicionantes que surgen de sentir a nuestros hijos como prolongación de nuestra personalidad. Ellos pertenecen en relación reciproca al conjunto social, todos somos miembros por igual y en relación reciproca con todos. Podemos decir, que con nuestros hijos nos une una responsabilidad transitoria, aunque de lazos afectivos imperecederos. Nuestra finalidad última son los demás, de hecho y en todos sus aspectos, la sociedad crece y se fortalece con esa relación. De su número de miembros y de sus mejores cualidades y valores depende su estatus, calidad de vida, fortaleza y seguridad. Cuanto más y mejores sean, en esa misma medida nuestra sociedad será más competitiva, más potente, menos vulnerable y con una mejor calidad de vida. Por esa razón, decimos también qué la sociedad como primer beneficiario y responsable directo, es su problema y responsabilidad prioritaria sustentar a nuestros pequeños, en primer lugar, y por supuesto asumir el papel íntegro de su educación, cosa que necesariamente significa, en primer lugar y prioritariamente mediar en la formación educativa de la familia, de todos sus miembros, en cada una de sus funciones y relaciones. Pronto o tarde la sociedad tendrá que afrontar esta responsabilidad directa en toda su dimensión, pero no institucionalizándola como acciones de protección, ayuda o solidaridad social hacia la familia, sino porque es la forma más efectiva de prevenir muchos de los males y problemas que aquejan a nuestra sociedad. Y también, por supuesto, (aunque esto se nos dará por añadidura): una mayor prosperidad; una mayor riqueza, una mayor capacidad competitiva, una mayor seguridad interior y exterior, y una consolidada garantía de futuro.

Es necesario por lo tanto, hacer hincapié en este aspecto de responsabilidad social para con la familia: No se trata de que la sociedad,  ayude a las familias. Como por ejemplo, ya no decimos que en las tareas del hogar el esposo ‘ayuda’ a la mujer, en todo caso hace su parte de tarea que le corresponde en esa labor conjunta. Por lo tanto a la sociedad representada poro el estado y sus leyes, la parte de tarea que le corresponde, es asumir esa labor conjunta, es garantizar y cubrir íntegramente, en estrecho compartir, todas las necesidades básicas materiales y educativas de todos, y especial atención a nuestros pequeños.

Aunque poco a poco está permeando en nuestra sociedad la importancia de ser consecuentes con esa necesidad, pero hasta que se instituya como responsabilidad social y se le de en consecuencia la atención prioritaria que le corresponde, todavía tiene que darse unos pasos previos y esto obviamente tienen que ir en la dirección de evitar aquello que es claramente contrario a estos objetivos. No solo por que no aporta nada positivo, sino por que nos lleva en dirección contraria, nos aleja de nuestra meta y claramente nos empobrece, es un enorme lastre a nuestro crecimiento social. Y una de las medidas que precisamente nos llevan en dirección contraria a nuestros intereses sociales es aportar soluciones a los problemas de las familias con medidas desestructuradoras, proteccionistas de fuerza, sesgadas, unilaterales, sin atender a las necesidades verdaderamente prioritarias y sin respetar tanto los derechos naturales, como los derechos adquiridos en su justa proporción y equilibrio de cada uno de sus miembros. Lo desafortunado de dichas soluciones están avaladas día a día por los resultados inmediatos que ya se están dando a corto plazo, con el incremente de mas violencia en el seno familiar. Pero quizás, los peores resultados, que ahora estamos  cimentando, lo llevan nuestros hijos como semilla.

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Una respuesta a 3 (leer en orden de publicacion) DERECHO NATURA A LA FAMILIA

  1. JOSEFINA dijo:

    Comentarios para el filósofo Leiva Caro:
    Discrepo bastante en éste apartado que has escrito. No por sentirme más o menos feminista, sino todo lo contrario, las condencendencias de los géneros tienen que desaparecer de los hábitos sociales: No existen razones para los malos tratos
    ni en hombre ni en mujer. Es cierto que "algunas mujeres" son perversas manejantes de los instintos masculinos, y no por ello
    se debe de juzgar al resto de las mujeres de la misma forma. Algunos hombres son indeseables mal tratadores especialmente de lo psiquico y como no, asesinos de vidas y esperanzas. No por ello toda la raza humana es igual, afortunadamente. El estado
    en sus distintas formas de gobierno tiene y le tenemos que exigir más, potestad y deber de cubrir la educación, y en este campo
    del respeto al prójimo de la índole social, género, religión etc que tanto pregona nuestra querida antigua pepa la Constitución Española. Pero ¡por Dios! las familias y en especial los progenitores somos los responsables directos de la conducta humana de nuestros hijos. Eso es lo que espero que suceda o nos convertiremos en fabricados maniquíes de los gobiernos de turno.
    Tengo aún presente mi lectura de la novela  "1984"  escrita en 1948, donde el autor  se adelanta a los acontecimientos
    del cambio de reglas en la humanidad y, muestra el mundo en varios bloques de gobierno, frio, distante y maquiavélico; donde
    las personas eran números y puestos, no decidían sobre sus vidas. Les hacían de ver que era la forma ideal de vivir ya que no pensaban y les daban todo consumado. EL GRAN HERMANO LES VIGILABA EN CADA RINCÓN. No quiero entregar el alma de mi hija y su generación y más, de las venideras a los gobiernos de los grandes hermanos. Yo tengo responsabilidades y las asumo. Me gusta el reto.

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