DERECHO NATURAL A LA FAMILIA

 

DERECHO NATURAL A LA FAMILIA

 

Los motivos que dan pie a estos escritos y a divulgar estas circunstancias personales, comienzan el 19 de Diciembre del 2006.

A primeros de Enero de ese mismo año me echan de casa y me alejan de una relación normal con mis dos hijos pequeños, entonces de ocho y seis años, mediante un juicio de medidas provisionales. El juicio final, se fija para ese día 19 de Diciembre, pero cuando ya estábamos esperando en la puerta del juzgado, nos comunican que el juicio se aplaza hasta Marzo del 2007.

Esperaba este día con gran interés y expectativa, aunque llegado ese momento mis expectativas de que prevaleciese la verdad y hubiese un juicio justo que no perjudicase los derechos de ninguna de las partes, especialmente los de mis hijos, a tener una familia en condiciones mínimas de normalidad en igualdad de derechos, se habían reducido a que las medidas y cargas que tuviese que soportar, se suavizaran y se pudiesen hacer lo más llevaderas posibles, compatible con la nueva relación, con esa reducida relación que me han dejado con mis hijos, una vez liquidadas las competencias normales de padre.

Ante la demanda de separación de mi compañera, sabía que mis posibilidades para que se me concediese la custodia eran prácticamente nulas. Ya lo había solicitado en el juicio de medidas provisionales, y como era de prever no se me había concedido. Y según me dice mi abogado, para el juicio final, si las cosas no cambian demasiado y todo ha ido con normalidad hasta entonces, suele establecerse definitivamente  lo dictaminado en el primer juicio. Solo me cabía por tanto que me rebajasen la cuantía de la pensión a los hijos y que no se concediese la pensión compensatoria que solicitaba mi excompañera, y así me permitiese tener un trabajo que pudiese atender y dedicar el tiempo, ahora más limitado y delimitado a un horario restringido, cosa que de camionero era imposible, puesto que la propia restricción y distanciamiento de los hijos, no me permite esa relación en los pequeños huecos que deja estas largas jornadas laborales y además, mi excompañera no me permitía elasticidad en los horarios de visita en los que pudiese aprovechar esos márgenes de tiempo que me dejaba mi oficio, que estos eran pocos y no podían ser en horarios previsibles.

Aunque mi petición, es tener la custodia integra, en realidad, mi pretensión, o lo que considero justo y apropiado es la custodia compartida, y si me hubiesen concedido la custodia integra, era sin ninguna duda, para hacerla de hecho compartida. No admitía, ni admito ninguna solución que no pase por que nuestros hijos no pudiesen disponer de la presencia, atención, cuidados y educación tanto de su padre como de su madre, en igualdad de condiciones y a demanda de ellos, con plena consideración y respeto a sus derechos y libertad de elección, constituido y preservado un mismo principio de autoridad. Pero mi abogado me dice que la custodia compartida se concede en rarísimas excepciones, y en ese caso extremo, se considera como requisito primero que ambos cónyuges tuviesen viviendas independientes, y mi caso no era este. No obstante, como quiera que no me parecía nada bien que nuestros hijos tuviesen que sufrir una liquidación de la unidad familiar de estas características y especialmente por las razones que aquí se estaban dando con denotada y especial relevancia, al hacer prevalecer intereses personales y egoístas. Durante todo este tiempo desde el juicio de medidas provisionales he intentado plantear el asunto, a ver como se podía compatibilizar esos derechos de nuestro hijos a tener una familia de mínimos, y como no, también a mi derecho a poder disponer de mi medio de hábitat, es decir, poder estar en mi casa, y no tener que irme a vivir de caridad, puesto que es la única alternativa posible que me restaba, por los recursos que me quedaban después de atender las necesidades económicas que obligatoriamente tenía señaladas para con mis hijos. Es lógico pensar que si antes, con nuestros ingresos familiares, teníamos una economía muy ajustada, puesto que llegábamos con dificultad a final de mes ¿Cómo se puede aplicar una medida que significan desdoblar la necesidad de medios de hábitat y de equipamiento? ¿De donde? Echar a uno a la calle por la fuerza como solución de divorcio, puede solucionarle el problema a una de las partes, pero crea en la otra parte un serio perjuicio.

Así que con el propósito de buscar soluciones razonables para todas las partes, sin perjuicio de ninguna de ellas, aunque sabiendo pueda ser ligeramente incomoda para todos, pero con el propósito de atender la prioridad de preservar los derechos más elementales y básicos de todos, inicio este capítulo de mi vida. E impulsado también por una serie de circunstancias paralelas que se vienen sucediendo durante esos días y que culminan en extraña coincidencia en ese mismo día 19.12.06. Y esto parece ser, significa ir justo en sentido contrario de lo establecido, tanto de lo legalmente establecido como de los socialmente asumido y demandado. Puesto que en economías ajustadas o precarias, una separación sentimental de pareja, de matrimonio con hijos, solo puede hacerse de una forma justa, razonable y sin consecuencias especialmente negativas para nadie, si hay acuerdos y entendimiento, en compartir los medios comunes. Y este es el gran problema: Compartir cosas en común dos personas que se detestan en la misma medida que en su momento se amaron, y tener que compartir necesariamente algo que es indivisible: Los hijos.

Conceder la custodia compartida, dentro de la misma vivienda, auque se establezcan diferenciaciones en el uso de espacios, enseres y utensilios, parece ser que es imposible. Es lógico pensar qué, aunque disuelta la relación de pareja, y se establezcan unas determinadas normas de convivencia y colaboración en la misma vivienda, pero ahora con el propósito de hacer un trabajo de equipo, de colaboración familiar, las discusiones y los conflictos van a surgir de igual modo, especialmente entre dos personas que ya estaban viviendo un clima de tensión y enfrentamiento largamente acumulado, pero no, por que haya desavenencias o falta de acuerdos en establecer las nuevas formas y los nuevos compromisos para llevar a cabo los objetivos de esa nueva “empresa” en común, sino porque se detestan. Y en el fondo de toda relación, aún con nuevas normas y nuevos compromisos siempre latirá un sentimiento de rencor y odio. Así qué, parece que el simple hecho de convivir con la misma persona que antes has querido o amado, en otras funciones o relación diferente a la sentimental y sin que haya un comportamiento objetivamente negativo por parte de nadie, solo por el simple hecho de su presencia, y de ser la persona que con anterioridad has intimado estrechamente, parece ser que es imposible. Inconcebible compartir el mismo techo si es en otra relación diferente a la sentimental. Esto es algo que me ha sorprendido y que verdaderamente desconocía, pero que sin embargo he podido comprobar que le ocurre a muchas personas Y esta actitud o reacción ante el desamor, en la inmensa mayoría de casos parece inevitable, es decir; el enamoramiento en su sentido puramente instintivo-emocional, es un ciclo que tiene una primera fase de fuerte atracción, seguida en muchos casos de una etapa, con la misma medida e intensidad pero de repulsión. Esto, parece evidente, es un problema psicológico, subjetivo de la persona que sufre este proceso de enamoramiento, y no de la persona que es objeto de esa atracción repulsión, puesto que una conducta idéntica por la persona objeto, puede ser asumida por la persona enamorada, como atracción o repulsión, en función de su estado subjetivo y de la fase en que se encuentre su ciclo de enamoramiento. Por lo tanto, este enamorarse que se caracteriza por ser muy apasionado, a modo de encantamiento y que parece que vamos en una nube y no nos hace ser demasiado consciente de la realidad, de nuestros pensamientos y de nuestros actos, hay que considerarlo en realidad como un arma de doble filo, o como algo qué si bien, en su momento es de mucha emoción, satisfacción y gozo, luego vamos a tener con cierta probabilidad su contrapartida, con igual intensidad y medida, pero en signo contrario. Por tanto lo lógico sería vigilar ese proceso en nosotros mismos y no actuar inconscientemente, reaccionando violentamente contra el objeto de nuestro deseo-repulsa, sobre todo cuando la conducta de nuestra pareja, objetivamente analizada, es idéntica a su comportamiento anterior y en sus aspectos fundamentales de responsabilidad en sus tareas y respeto a los derechos de los demás. Evidentemente, cuando el ciclo de enamoramiento concluye por las dos partes, los motivos objetivos de rechazo y desavenencia son por ambas partes, y por tanto, de todo punto irreconciliables. Pero hay una cuestión muy importante en todo esto, y que en cierta medida afecta a la dignidad de las personas, y es que eso de profesarse amor eterno para luego terminar a tiro limpio, no es serio. Aunque en primer lugar nos dejemos llevar con cierta ilusión, pasión y expectativa, hay que ver en esa relación de atracción entre pareja, también un componente perturbador de nuestros sentidos, y al dejarnos llevar por esas sensaciones y motivaciones, tenemos que ser igualmente vigilantes de esos procesos, y nos tiene que preocupar sobre todo, las determinaciones y compromisos que tomemos en base a esos estados emocionales. Asegurarnos de qué los compromisos que vamos a asumir bajo estos estados emocionales, tienen unas bases y fundamentos sólidos, porque sino, nos lleva hacer cosa que socialmente no son serias, es decir: Montar el tinglado que montamos al rededor de estos sentimientos, con compromisos de unión de por vida, compromisos públicos por todo alto y con gran celebración, haciéndolo el acontecimiento de nuestra vida, para luego quedarse todo en agua de borrajas. Y eso no es serio.

Estas uniones o enlaces, con estos fundamentos, suelen dar resultados a veces de graves consecuencias. Conflictos de difícil solución y en los que el estado se ve obligado a mediar en última instancia, sobre todo si la cosa se pone fea, y en este caso en favor de la parte más débil, físicamente más débil, no de la parte menos egoísta o malvada, cosa bastante complicada de averiguar. Lo digo en estos términos, por que es imposible indagar en cual de las partes es claramente culpable o claramente inocente. Ocurre como cuando intentamos mediar en una disputa entre nuestros pequeños, y pedimos explicaciones de quien ha empezado la disputa. Después de escuchar a ambas partes en una cascada mutua de reproches sin fin, y no aclarar nada, decidimos en última instancia alinearnos con la parte más débil, no de quien tiene más razón, puesto que sabemos también que nadie es totalmente inocente y en cierta medida todos tiene sus razones, pero nuestra tendencia inevitable es a proteger al más débil físicamente. Y proteger a alguien por le simple hecho de ser el mas débil, no es del todo correcto. Podemos estar haciendo un ejercicio “altruista” de equilibro y mediación  en  los efectos de un conflicto, pero no de justicia en sus causas.

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Una respuesta a DERECHO NATURAL A LA FAMILIA

  1. JOSEFINA dijo:

    Hola Dº Juan. Nuevamente has escrito de madrugada y eso me gusta, eres tu mismo.
    Es una reivindicación a los derechos de los padres. Lo que destaco es tu opinión sobre el amor y desamor,
    es buenísimo y pienso lo mismo que tu. Muchos besos a mi escritor favorito, o sea, a ti don Juan
     

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